miércoles, 26 de diciembre de 2012

Capítulo XIX: "Sueño...en Navidad"


Minerva Sía dormía desde hacía tiempo. Nadie, por su aparente actividad podía advertirlo, eso era cierto. Sin casi darse cuenta se había convertido en una experta fingidora de sí misma. Se fingía interesada, activa, emocionada, triste, convencida o escéptica; daba igual, cada nuevo estado representado le suponía un reto que superaba cada vez con mayor soltura…para continuar durmiendo, sin ser vista, oculta en sí misma…


Lupe aquella mañana no pudo ver sus ojos dormidos. Antón atravesaba la entrada con el pesado encargo sostenido entre sus brazos, cuando Lupe, enredando el paso con sus zapatillas enchancletadas, voló tres peldaños de la escalera del piso superior, sobrevolando el resto de escalones para rematar de cabeza el pesado bulto sobre los brazos de Antón. Luego, Antón y Lupe, en un enredado abrazo rodarían los dos últimos escalones. Lupe aun pudo salir disparada hacia el centro de la estrecha calle. Inconsciente por el golpe en la cabeza, su cuerpo se precipitó superando el extremo del ínfimo acerado.

Minerva guardaba una rutina en su memoria para cada ocasión. La alarma del despertador, el agua fría en la cara, el té, el anodino vestido, los siempre negros zapatos…Era diciembre, el fin de año estaba cerca y eso hacía que hubiera cambios. Cambios, no novedades, todo se repetía igual desde tanto atrás que estas fechas se habían convertido en una fuente más de rutinas que Minerva desempeñaba con rigurosa pulcritud.

Hubo un tiempo en que Minerva, atacada por un estado de hiperconsciencia de sí misma, se volvió triste y cabizbaja. Tras superar los dieciocho, comenzó a pensar de manera intensa en el sentido de la vida. Se lanzó enérgica y corrió mundo. En París, en St. Michel, tuvo una seria discusión con Patrick, pensador heredero de los existencialistas. Volvió a casa y pasó el verano tumbada en su cama. Meditó y meditó. El médico familiar la visitó varias veces. Le apuntaba el iris con su pequeña linternita sin ver los pensamientos de muerte que surcaban, un poco más atrás, el interior de su cerebro. Pensó en morir. Pensó que la vida no tenía sentido…

Cerrando los ojos podía casi de manera exacta reproducir en su cabeza lo que ocurría en cada momento. El insoportable peso del tiempo pintaba un cuadro de exactitud desoladora. Sólo la clásica discusión entre mamá y Lupe -la cocinera-, sobre el pavo de la cena, ofrecía resultados aleatorios cada año. Mínimas variaciones sujetas a leyes de probabilidad que Minerva solía aventurar con bastante acierto. Este año cenarían pavo fresco al horno.

Minerva lo había intentado todo. Antes de caer en el sueño probó a explorar las emociones. Intentó suerte en el amor, se rodeó de amigos y hasta probó con el riesgo. Finalmente, una mañana en que podía sentir como el blanco cegador del techo la asfixiaba, concluyó que todo, hasta el miedo, el dolor, la adrenalina o el placer, son idénticos una y otra vez. Sólo cambiamos el momento en el tiempo en que consumimos cada emoción. La emoción es la misma, estaba segura de ello… Y saber esto la llevó a vagar. Vivir sin cuestionar. Se sentía como en el cine, una y otra vez la misma película, el mismo final. Perdió interés. Aprendió a fingirse, mientras dormía. Todos estaban contentos pues había cesado la angustia que sus estados provocaban en mamá. Nadie sospechaba su sueño. A veces casi ni ella misma.

Antón colgó el teléfono. Se sonrió para sus adentros: “este año gana la Lupe”. Era de común conocimiento la férrea discrepancia sobre la preparación del pavo navideño que mantenían mamá y Lupe. Para mamá congelarlo de forma previa, aseguraba una carne más tierna y mejor conservación. Para Lupe, gran cocinera en el hotel de su pueblo natal, esto era poco menos que un sacrilegio, pues congelar el pavo le restaba sabor luego. Tras años de relación una y otra contendiente se daban tregua en su coexistencia. Este año, fresco: punto para Lupe.


Aún el frenazo no despertó a Minerva. La mirada de Lupe alcanzó sus dormidos ojos, mientras Minerva tiraba del cuerpo de la mujer empotrado entre las ruedas de su coche. La sorpresa de lo inesperado comenzaba a despertarla cuando al fijarse en sus ojos lo adivinó: la vio, diferente a todo, emocionante y más real que todo lo visto hasta entonces. Quiso experimentarla y no pudo, mientras el cuerpo de Lupe se asía a vivir la muerte, observada por sus envidiosos ojos.

A sus espaldas Antón aún sujetaba el pesado pavo congelado que su olvido hurtó a la estadística de Minerva.


- No será fresco -pensó Minerva-, cerrando nuevamente los ojos.

Publicado por Ciudadana Equis.

1 comentario:

  1. Como Minerva la diosa de la sabiduría, hija de Júpiter; Minerva Sía es una mujer inteligente. Se siente incomprendida y desde muy tierna edad el mundo se le vuelve monótono e incomprensible. El transcurrir del tiempo con los sucesos diarios, le produce una profunda desazón. No se siente cómoda en la escuela, tampoco con la familia y mucho menos dentro de una sociedad llena de convencionalismo.
    Dentro de su búsqueda de lo diferente, llega a crear un universo paralelo dentro de sí misma para aparentar lo que quizá no es o lo que realmente quiere ser.
    Intenta por todos los medios dentro de su naturaleza superior, pasar inadvertida. Aparentar torpeza y poca vivacidad. Pero no consigue disfrutar de la vida. Se siente enjaulada en un mundo lleno de normas y sentimientos banales.
    Dentro de la narración de @ciudadanaequis se vislumbra un profundo apego a la vida. Tiene un planteamiento sencillo, pero a la vez lleno de situaciones dramáticas. Dos accidentes que nos llenan de desazón pero que a la vez nos hacen no despegar nuestros mirada de las intensas líneas del relato. Y seguir leyendo hasta el final.
    @ciudadanaequis está brillante en la fabricación de las frases, breves pero intensas, llenas de matices y de fuerza. No es necesario alargarlas para comprender los sentimientos de los protagonistas de la historia. El relato gira en torno a las vivencias de Minerva Sía, una mujer de edad indeterminada, pero cansada de seguir fingiendo el ser una más de la triste familia. Una parentela de hombres y mujeres que siguiendo los mismos hábitos, año tras año, día tras día, van repitiendo las mismas afectaciones. Minerva, cual diosa del Olimpo, busca ser ella misma. Para ella su única salida es desaparecer de la escena.
    El final llena profundamente de expectativas un relato que empezaba pleno. No nos defrauda y si nos llena de pensamientos. Como @ciudadanaequis nos cuenta ¿La chispa de la vida está en la misma muerte?
    Una frase enérgica pero humilde, suficiente para hilvanar un relato. Una escalera y un pavo. La escalera representa el transcurrir de la vida y las caídas que se producen al cabo de los años en su devenir monótono y anodino. ¿Y el pavo? Animal sacrificado para celebrar las banalidades del ser humano. Sus fiestas religiosas, civiles y también militares. Ya sea en América o en Europa. En definitiva un animal desaborido de difícil horneado y sabor insípido. Inspirador de múltiples rellenos y salsas. En definitiva una mezcla de puerilidades y mezquindades representativas de la sociedad actual y de las precedentes.
    Minerva representa los que muchas personas sienten ante tanta simplicidad; la muerte es quizás una forma de decirle al mundo BASTA. Parar la rueda y dejarla girar en sentido contrario. No sucederá nada. El miedo a lo diferente es más fuerte que la curiosidad a lo desconocido.
    Una gran escritora y un gran relato. Dosis exageradamente escasas y esperas excesivamente largas. Pedimos o mejor suplicamos a @ciudadanaequis que nos regale su verbo y su pluma con más asiduidad.

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