jueves, 5 de julio de 2012

Capítulo XVIII: "Sombras en un tren"



Liviano el haz de luz que confirma rotunda la sombra, esa que mima y envuelve el cuerpo en cada gesto, en cada instante, volviendo la materia éter, el cuerpo una caricia que se multiplica entre las cosas…Un instante tu alta sombra, emerge en la tiniebla del pasillo del tren dirigiéndose a mí, dejando para siempre impresa esa imagen en mi memoria, ligada a ti, ligada al tiempo de los dos.
Aspiras el aire atlántico que pasea por la Praça del Comercio, ese balcón que pugna por abarcar la imagen del Tejo desde su orilla lisboeta. No es posible, nadie puede, pero el balcón te sugiere intentarlo. Intentas ensanchar tu espíritu con el bello horizonte que camina hacia el mar. Aspiras y sonríes el azul que embriaga al tacto de un sol marinero y térreo, un sol azul único y melancólico.