sábado, 10 de marzo de 2012

Capítulo XII: "El sentido en la sombra..."


El paisaje se sucede a la velocidad de la brisa. Lo atrapa un instante la luna delantera y rápidamente resbala por el cristal, acariciando el lateral del coche. Van cambiando los colores de las montañas, las sombras caprichosas que algunos picos proyectan sobre la calzada y bajo las que me cobijo un instante…todos corren ante mi indiferencia, ninguna se refleja en mi retina. Veo sin mirar…

Debería estar contenta. Hacía tanto que esperaba este viaje. Al fin había llegado el día y sin embargo la inquietud por algo aun desconocido, no identificado, me impedía centrarme en aquella felicidad programada, pensada, incluso ansiada, días atrás. El día esperado, había llegado teñido de grises, color este siempre identificado con la inquietud, muy distante del azul dorado que lucía aquella mañana. 

Siempre había disfrutado con la velocidad, de ahí su gran afición a las motos; los coches le resultaban burgueses pues le impedían interaccionar con el medio y sentir el verdadero motivo de un viaje, de un camino: llevar la velocidad pegada a la piel. Necesitaba avanzar, buscaba la velocidad y sin darse cuenta, a menudo el marcador superaba los 180…

Y comenzó a llover…esto si que no lo esperaba! Lo peor es que esas gotas no podía limpiarlas con el parabrisas: salían de sus ojos. Se asomaron tímidamente al lagrimal, para poco a poco ir extendiéndose, como en una pequeña reconquista de sus mejillas, por todo su rostro, llegando a poner en peligro la visión, nublada por el aluvión lacrimógeno. Detuvo el coche…

Pensándolo bien, en realidad no era la primera vez que le pasaba. No en el coche, ni de camino a ningún sitio, pero si desde que la frecuencia con la que se “encontraban” como a él le gustaba llamar, había aumentado, abandonando lo ocasional para convertirse en asiduo. Encontrarse…no sabría decir si esta palabra definía un estado, un tiempo, una pirueta del azar o solo algo desprovisto de intencionalidad, de premeditación…pero aquél viaje no lo era, hacía 20 días que estaba previsto...los mismos que ella llevaba dándole vueltas a aquél término que se le antojaba tan abierto que no rozaba realidad alguna, que no definía nada: encontrarse…


Tampoco aquellas lágrimas eran concretas; brotaban en aluvión sin previo aviso, como ahora. Comenzaba a estar alarmada por aquella incomprensible condición espontánea de sus lágrimas. Alguna vez incluso no las había podido reprimir delante de él, dando lugar a que durante varios días él fabulara argumentos escritos que como canales de racionalidad, pretendían conducir el sentido de sus brotes lacrimógenos hacía la docilidad. Pero de inmediato, como si las lágrimas pudieran leer, se rebelaban ante tal condición, surgiendo incontroladas…


Como avanzaban las nubes en aquél cielo escondido, desapareciendo por la parte superior de la luna delantera, avanzaban sus pensamientos, intentando abrirse paso hacía el fondo, hurgando en lugares de su memoria cerrados, intentando levantar losas colocadas sobre mares de sentimientos antiguos, sobre realidades pensadas y vividas, sentimientos reales y pensados…Se empleó a fondo en descifrar aquel sentido oculto de sus lágrimas, tanto que podía sentir el cansancio físico en su pensamiento. En el km 200 de su recorrido, pudo identificar una grieta diminuta por donde poco a poco, de aquella marea revuelta de pensamiento y sentimiento, se escapaban de manera creciente las lágrimas…

Aun condujo un poco más, superó el 250 donde a poca distancia se encontraba la señal que indicaba la salida de la autovía hacía su destino, el lugar esperado con la felicidad programada por 20 días ya…Por un instante la valla: “Casarosa visite conjunto histórico-artístico” se deslizó desde la luna delantera hacía las lunas laterales del coche, mientras dejaba atrás los campanarios y tejados de las casas que se alcanzaban a ver desde la autovía. Justo en el km 300 tras la última conquista en la excavación de sus pensamientos, encontró una sonrisa. Ahora sin embargo, las lágrimas comenzaron a brotar del cielo, como si al fin se pudiera descargar sobre ella toda la tensión de aquél viaje, detenido en la incógnita de su pensamiento secuestrado en lágrimas.


Luego un bello arco iris rompió los nubarrones grises que incapaces trataban de contener los estallidos de un sol que irrefrenable, avanzaba revelándolo todo. Miró el paisaje, sintiendo entrar la belleza del entorno, por primera vez en aquél viaje, hacía su interior. Detuvo el coche al fin, marcados los 400km y antes de volver dejó salir la maraña de lágrimas, pensamientos y sentimientos a través de unas liberadoras letras en un mensaje de Twitter:

“Desde que curaste mi maltrecha columna tras el accidente, te admiro tanto, que he querido a través de mis sentimientos, darte el agradecimiento universal por el bien que haces. Eres un ser superior, tan perfecto en todo que hasta la pasión con la que “nos encontramos” es esencia de lo sublime. Pero no te quiero, solo te he querido querer, desde la devoción racional que te profeso hace mucho y ante la emoción que supuso que te detuvieras en mí. La fricción, el roce cada vez más hiriente entre lo que pienso y lo que siento, me daña hasta la lágrima, que sólo trata de ocultar el dolor que también siento por no quererte. Quizás, nunca más nos encontremos.”

Y tras expulsar lo que aun le quedaba de él en un sonoro suspiro, ahora sí una sonrisa iluminó su empañada mirada. Durante la vuelta, disfrutó de la velocidad y del paisaje, que entonces ya pudo mirar y...ver.


Publicado por Ciudadana Equis

2 comentarios:

  1. Me gusta. demuestra una gran sensibilidad. espero el siguiente. saludos

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  2. El sentido de la carretera indicaba el momento por el que la vida discurre, serena algunas veces, más deprisa otras. Por eso verte recorrer kilómetros y kilómetros en una sola dirección significaba un gran comienzo. El asfalto de la vida nos indica el camino a seguir y nos traza unos sentimientos que algunas veces hay que desentrañar. Por eso cuando el coche se pone en marcha es como si tu corazón rugiera y dentro de ese bramido indicaras el deseo de reencontrarte. El sol, la lluvia, las lágrimas que empañan tus ojos, son la proyección de tu interior hacia tus lectores, introduciéndonos en un mundo de alegrías y tristezas pero de verdades por resolver. Como si tus lágrimas proyectaran una imagen de tu interior y así tus lectores podamos mirar más allá del color del coche o de los cristales. Podemos acercarnos a tus pensamientos y acompañarte en el largo viaje hasta tus sentimientos. Quizás algunas veces los largos viajes pueden resumirse en 140 caracteres, pero en no es así cuando el sentimiento es profundo. 100, 200, 300, hasta 400 kilómetros en busca de la verdad, para desentrañar los recovecos de tu corazón dentro de un laberinto de pasiones interrelacionada con las estaciones del tiempo. Por eso tus lágrimas nos ayudan a seguirte en tu viaje y nos reconfortan los rayos del sol. Y al final la gran aventura del amor o desamor. Pero una arcoíris, como si saliera de lo más hondo de tu corazón nos acompañará hasta un viaje iniciático en el que la @ciudadanaequis es nuestra gran guía. Nos enseña a reconocer los sentimientos y sus relatos son vitales para poder seguir sintiendo. Cada día que te leo siento más mi corazón brotar sincero pero sereno. Porque dentro de cada relato hay una moraleja de sentimientos y bondades que hacen que tus lectores vivamos dentro de cada línea las mismas sensaciones que sus protagonistas. Gracias por darme la felicidad.

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