viernes, 24 de febrero de 2012

Capítulo X: "Mis diez centímetros en el mundo..."

Había llegado pronto a mi destino, aunque en realidad no lo sabía y ya era tan tarde. Algo se coló entre mi mejilla y tu beso, algo imperceptible, diminuto, tan pegado al aire y a mi piel como una calcomanía infantil; luego, el pasar de las horas lo hizo crecer y ahora de la nada surgió una certezaanimada, casi humana.

Tras tu leve beso de despedida cargué la incipiente duda en el asiento trasero y conduje hasta mi destino. La vista que Boabdil lloró en su destierro nos saludó: mi duda y yo, que crecía mientras llegábamos a Granada. Ella cada vez más firme, yo


El coqueto patio interior del hotel sigue tal y como lo dejamos: habitado por tus risas, los flases de mi cámara y el batir de tus pestañas alterando el aire cuando me mirabas. Tras la puerta del hotel se agita de turistas, como entonces, la Acera del Darro y el río discurre saltando ruidoso entre las piedras. Es curioso que un cauce tan alegre y saltarín vaya acariciando el paseo de los tristes, tan contradictoriocomo yo misma.  El interior del hotel, sin embargo, respira el tiempo detenido, el de aquellos días, densos la quietud, la calma y el recuerdo. Los atravieso desterrándolos de mi camino hacia la habitación.

Debí dejar también la duda, pues vuelvo a toparme con un sinfín de cosas en este cuarto que me hablan de ti. Abro la ventana, espero que el aire fresco limpie los objetos del recuerdo que destilan. Sin embargo, al fondo, las nevadas cumbres me devuelven el eco del  júbilo y la risa de los felices días en que descendíamos las fulgurantes laderas. Luego, al caer la noche, cuando la impresionante dama que reina en el horizonte de esta ciudad extiende su manto, recuerdo cómo la mirábamos embelesados, desde esta misma ventana, que luego plateaba nuestros cuerpos desnudos en la madrugada. Aunque nunca te lo dije, mientras dormías yo me levantaba sobre la cama para ver tu silueta iluminada por la luz de la luna, la misma luz que primero acariciaba la Alhambra y luego tu desnudo cuerpo. Mi pecho, como el de una paloma, se hinchabaquería abarcarte y contenerte, estar siempre en ti.


No sé cómo contártelo y no es por la duda que, a estas horas, anda tan crecida ya que casi tendré que reservar una habitación para ella. Sabes que soy independiente, que siempre anduve libre, que hasta que te conocí siempre huí del compromiso. Y es que a veces me enfado. Tú no lo sabes, pero es que aún no entiendo qué pasó, cómo quedamos entretejidos en una sola vida.

Aquel primer día, cuando nos encontramos al pie del Reina Sofía en Madrid, pasé toda la tarde sin oírte, enfrascada en la tarea de medir tus proporciones con mis formas: a qué altura quedaba tu cadera en mi cuerpo, tu hombro casi daba a mi nariz y lo más importante: la distancia, diez centímetros, no podía ser ni uno más para no sentir la angustia de saberte lejos

No entiendo aún el carrusel de la pasión en que nos envolvimos. Dónde quedó el orden de mi mundo hoy perdido. A veces te lo quiero gritar, pero no es mi voz, sino mi dulzura la que te contesta.

Lo sabes, todo ha empeorado, pero lo callas, al igual que yo. Ninguno de los dos hablamos. Sonríes con una sonrisa helada que mides al milímetro, me acaricias con ternura fría y la pasión solidifica desesperándose en un rincón de la habitación. Por los pasillos de la casa me asaltan ecos de caricias, de besos, de deseos, todos antiguos, todos calladoscomo ambos. No puedo soportar un día más ver como esos inmensos ojos verdes, antaño hogueras al mirarme, ahora arrojan ternura y compasión. Por eso, mientras espero en esta habitación, aunque no por ti, te escribo esta carta.

Sé que no entenderás por qué hago todo esto, pero he de recuperar mi independencia de ti. Poder no pensarte, no ver en tus ojos como lo hago siempre, mirándome desde dentro de ellos. Tengo que romper ese límite, esos diez centímetros, que como un cordón umbilical nos unen desde la primera vez que nos vimos. Y hoy voy a demostrarte que puedo, que podré…

Con tanto escribir no me había dado cuenta que la duda no había parado de extenderse por toda la habitación y ahora se expandía por los pasillos del hotel y ya llegaba a la recepción. Cuando casi estaba al lado de un expositor con preciosas postales de la ciudad, le dije que me escogiera una: le estampé un beso de carmín y escribí: Este será mi único beso y le indiqué a la chica de la recepción, mientras dejaba la habitación, que era para entregar en mano a la llegada de mi cita en aquella noche. Quizás debía alguna palabra más como explicación pero mi ausencia ya decía demasiado.

Cerré la puerta del hotel y allí quedaron, además de una postal, mi duda y el recuerdo. Me entretuve aún un momento antes de partir observando cómo esta carta navegó heroica, desafiando el convulso cauce Darro arriba, unos instantes antes de hundirse hecha un barquito, derramando la tinta como lágrimas por la borda.
Recorrí decidida y firme el camino de vuelta a ti, hacia mis diez centímetros en el mundo, de donde definitivamente no quiero salir. Sé que una vez lo quise, pero ya no lo quiero. Sólo necesito explicarte cómo has de mirarme y acariciarme a través del dolor y la pena. Decirte que quizás debamos llorar los dos juntosque quizás los sollozos sean, como el Darro, el cauce en el que nuestro bebé perdido se aleje definitivamente, hundiéndose como esta carta y este viaje a Granada, en el fondo del cauce de nuestras memorias.

Publicado por Ciudadana Equis

1 comentario:

  1. La vida se condensa en diez centímetros. Si no los tienes cundo te conciben y si no te lo quitan cuando naces no llegas a la vida. Esos diez centímetros que nos separan de la existencia, también me separan de ti. Tu amor esta dolido, roto. Nos fuimos distanciando en silencio. Esos diez centímetros no han sido suficientes para darnos la felicidad y si en cambio para crear la duda de nuestra existencia. Por eso esta hermosa ciudad llena de vida, de alegría y tristeza, simboliza la vuelta al amor. Deseo que tu cuerpo vuelva a darme ese calor que solidifique mis heridas; las cicatrice y devuelva la alegria a mis ojos para que se crucen con los tuyos y vuelva a producirse esas descargas eléctricas de antaño. Quiero volver a sentir tus caricias descubriendo en mi cuerpo sensaciones a cada toque tuyo. Sus montañas, sus calles hasta su luna me han convencido que a pesar de esos diez centímetros,  mi existencia no puede resumierse en una noche de hotel cálida por las caricias y fría por la proximidad del olvido. Por eso no puedo tirar esos diez centímetros, que quizás en un nuevo comienzo, sirvan de aliciente a nuestras vidas. Deseaba olvidarte y no pude. Dentro de mi corazón todavía habitan los diez centímetros de mi vientre. Tu escondes la llave de mi corazón o quizás este en manos de nuestra narradora la @ciudadanaequis. Ella nos devuelve la ilusión de la vida, la posesión mas hermosa que tenemos. Sus palabras son aleyas de amor sacadas de las piedras de la Alhambra y porteadas con cariño hasta nuestros corazones.
    Su escritura es bella, tanto como para crear relatos épicos. Llenos de vida. 
    Gracias por devolvernos el amor con tanta ternura. Deseamos tus personajes seguir cobrando vida en tus páginas y sentirnos vivos con tus palabras para poder amar o sufrir. Y tus lectores para sentir las fuerzas de tus palabras en nuestros corazones. Tu escritura es pura magia, deseos de seguir leyendote y en definitiva que ver tu éxito en papel. 

    ResponderEliminar