sábado, 28 de enero de 2012

Capítulo VIII: "La sonrisa atrapada..."

Cada paso en aquella calle, más que avanzar, le hacía retroceder, le sumergía en un luminoso túnel del tiempo, en el que, sin reparos, se quería adentrar…

Contemplando la entrada, recordaba el pequeño arco que formaba el techo del porche que abrigaba la puerta de acceso a la vivienda. Ya no estaba, pero en su mente golpeaba intensamente la instantánea tomada bajo aquél ornamento ahora ausente: el orgullo, el sentimiento de logro, la ilusión, revoloteaban en su cabeza desprendidas de la foto que tomaran el día en que, al fin, se mudarían a aquella casa procedentes de un modesto piso en un barrio de la ciudad. Luego, la primera reforma haría desaparecer aquel coqueto arco de la fachada de la casa.

sábado, 21 de enero de 2012

Capítulo VII: "Un mal comienzo..."

Nadie sabe cómo aprendió a escribir, pero lo hizo y esta sería una habilidad, que dadas sus circunstancias, le proporcionaría la posibilidad de abrir su hermético y acotado mundo a una comunicación real y sin fronteras. Porque si tienes auténtica necesidad de comunicarte, el vehículo aparecerá tarde o temprano, adoptando una u otra forma, pues la voluntad de expresar puede movilizar este mundo a tal fin…y hasta podría ser que también algún  otro.

Cada día pasaba las horas asida a la barandilla enrejada que lo guardaba seguro, observando en silencio. Se había convertido en un imán para ella. A ella le gustaba observar, había desarrollado una extraordinaria habilidad para deslizarse entre las sombras de la casa. Se sentía protegida, a salvo, con la compañía del silencio y entre las sombras, en tanto observaba, dejando que el tiempo le ofreciera la película que luego urdía en su cabeza. Grababa cada pequeño gesto, cada movimiento, cada cambio; luego, en su habitación, el frío mármol pinchaba su oreja, mientras tumbada sobre él repasaba, en el limbo de las horas, las pequeñas anotaciones en su memoria.

jueves, 19 de enero de 2012

Capítulo VI: "Un último salto…"


No te avisa, no tiene sonido, aunque es fácil creer que sí, sólo cuando llegas lo descubres. Es el tiempo el que se arquea, recibiendo el impacto de tu cuerpo cuando lo abandona, pero no hay sonido, sólo una sorda y angustiosa calma acompañan al éxodo del tiempo en tu cuerpo…

Sigo sin oír y la verdad es que me gustaría, porque el rostro de Gustavo parece querer gritarme palabras intensas y emotivas. Aunque debía estar enfadado, como siempre que jugamos al tenis y termino victoriosa la partida. Le sonrío, es mi forma de decirle sin palabras que le quiero, quiero hablarle ahora, pero Gustavo desaparece, mi campo de visión se ensombrece…

Todos los días paseaba a mi pequeña cocker por los jardines aledaños al club de tenis. Los pequeños pliegues de su falda, las cintas en su pelo…pasaba las tardes observando el ímpetu con que despachaba la pelota, en tanto Sombra, mi  cocker, correteaba alrededor. 

miércoles, 18 de enero de 2012

Capítulo V: "Obsesiones eléctricas"


Cada día iba a mas...era difícil saber porqué, con una frecuencia ascendente, primero de manera sutil, casi imperceptible, luego de forma notable y finalmente con una intensidad arrasadora, aparecía compuesto, una y otra vez, su nombre en la pantalla. Bueno, tampoco era su nombre, su alías, el usuario, el identificador en una red social...ni siquiera se acompañaba de su foto; una estampa infantil de guerreros de cuentos fantásticos...tan adorable...pero, ¿porqué? Se repetía una y otra vez. Lo cierto es que la velocidad con la que sus torpes dedos con las teclas, juntaban las que hacían su alias…se acompañaba de pulsiones, descargas…eléctricas; eso era!

Si, era magnetismo, pero no solo eléctrico, era global. Cómo miraba la estampa del guerrero cada vez que se apoderaba de la pantalla del ordenador acompañando a un nuevo mensaje, un montón más de letras,  más palabras, más y más órdenes magnéticas a su cerebro…

domingo, 8 de enero de 2012

Capítulo IV: "Tras el ventanal..."

Una gaviota, dos… un pequeño ferry atravesando hacia la otra orilla, el viento agitando las copas de los árboles que asoman por el margen inferior de la ventana… azul, un velero. Pequeños matices, pequeños cambios que, sin embargo, servían para componer una película continua proyectada hacia el interior del salón por un enorme ventanal situado en la primera planta de un edificio de apartamentos frente al mar…

Vacaciones. En la casa del mar, el ventanal enorme al fondo del salón ejercía una irresistible y poderosa atracción hacia mí. Ofrecía una foto viva y permanente plagada de azules y verdes, de cielos, nubes y soles. Enfrentada al paisaje, pensaba cómo se habían sucedido los últimos acontecimientos. Parecía que las partes de mi vida pudieran disgregarse de forma independiente, mezclándose como piezas de un puzzle, alterando el resultado de forma disparatada. 

sábado, 7 de enero de 2012

Capítulo III: "Luces de navidad"

Oscuro, negro casi…esa era la gama cromática en la que se había movido casi toda su vida. La era del punk, incluso la del post-punk, eran muy anteriores a su alumbramiento en este mundo, pero se había enamorado perdidamente de aquella “revolución musical”, como a ella -en su modesto entender- le gustaba llamar, y su aspecto y su vestimenta, estaba convencida, debían ser su pequeño homenaje vivo a toda una época.

Miedo. Llevaba demasiado tiempo con esa palabra en la cabeza. Juan, su mejor amigo, era el culpable de aquello. Tenía que ser más arriesgado, “tenía que apurar la vida por que la vida un día va y se termina”… le decía, desplegando un soliloquio enorme, con el único fin de convencerlo de que viajara, saliera y se echara novia. Cosas todas muy sencillas, pero que desde que faltara su madre con la que vivía -y antes quizás también- se habían vuelto complicadas para él.

jueves, 5 de enero de 2012

Capítulo II: "De una taza suplantada por..."


“No decía palabra, acercaba tan sólo un cuerpo insinuante…no había espacio, ni siquiera aire, sólo una densa y voluptuosa sucesión de curvas sinuosas en movimiento, agitando térmicamente la distancia entre ellos…”

De pómulos altos y labios voluminosos, componía un armonioso conjunto estético. El impacto visual que producía era evidente; no era posible calificar su imagen con términos convencionales normalmente utilizados, porque ella era extraña. Desde cada uno de sus ojos al otro se podía tender un puente; su cabello tenía un color y textura que mutaba con su estado de ánimo: desde la mies dócil peinada por el viento a las hojas caducas acariciadas en otoño por la lluvia. Intensos matices cobrizos y rojos contrastaban con su blanca piel…