lunes, 21 de noviembre de 2011

Capítulo I: "¡¡Una webcam por favor!!"

No era nada enamoradiza, salvo la excepción de la que hablaba Rosalía de Castro: “uno es de donde se le enamora la mirada”. Bueno, tampoco eso le cuadraba del todo, porque ella era de muchos sitios y aunque independiente como pocas, no viajaba sola, aunque no en sentido estricto…siempre le acompañaba algún ejemplar de SU escritor favorito; su idolatrado Arturo había viajado a medio mundo con ella, en su bolso, en su maleta…nunca quedaba atrás, aunque no llegara a leer ni una sola línea durante el viaje, daba lo mismo. Era una especie de ritual: llegar al hotel, abrir la maleta, colocar a Arturo en la mesilla de noche y, por lejos que anduviera, se sentía como en casa.

También como ÉL, ella era escritora…bueno tampoco en sentido estricto, pues aunque tenía un extenso repertorio de ensayos y relatos, ninguno había sido publicado por una editorial, sólo había conseguido efímera fama a través de publicaciones menores y en prensa. Nada de publicaciones digitales. Al igual que Arturo, ella abominaba de todo lo virtual. Pensaba que Internet era un mundo donde anidaban pseudoescritores, plagios, descargas ilegales y desde luego, no se podía comparar un medio digital con una edición impresa…Definitivamente Internet había nacido para acabar con los auténticos escritores…como Arturo, que vivía aislado en su velero y sólo tocaba tierra cada vez que, felizmente, una nueva creación suya veía la luz.